Personas buenas o malas

La PSICOLOGÍA nos enseña que las personas no son buenas o malas.

La experiencia nos dice que las personas no son buenas o malas en sí mismas, sino que simplemente tienen diferentes formas de enfrentar el mundo y de procesar sus experiencias. Esto significa que no podemos reducir a las personas a un estereotipo, sino que debemos tratarlas con comprensión y compasión, ya que todos tenemos nuestras propias luchas y batallamos por algo.

Diferentes formas de enfrentar el mundo

Además está demostrado que nuestras acciones no son el resultado de una «maldad innata», sino que están influidas por una serie de factores, como nuestras experiencias pasadas, nuestras relaciones y nuestro entorno. Por lo tanto, antes de juzgar a las personas por sus acciones debemos tratar de conocer y comprender el contexto en el que se producen y ofrecer apoyo y comprensión.

Detonantes de la supuesta «Maldad»


Es importante recordar que toda persona desde la infancia tiene dificultades y que estas pueden afectar a nuestra forma de ver y entender el mundo. Algunas personas han vivido experiencias traumáticas que pueden afectar a su actitud ante la vida y por supuesto a su forma de pensar y de comportarse. Otros han vivido o viven problemas de salud mental o están pasando por un período de estrés o ansiedad. Debemos tratar de entender cómo estas experiencias llevan a luchar por salir adelante, pero que estas luchas pueden afectar a su vida. Ofrecer apoyo y comprensión es la mejor actitud ante ellas.

Es necesario considerar que todos y todas tenemos diferentes formas de procesar nuestras experiencias debido a diversos factores. Por ejemplo, algunas características de personalidad hacen que las personas puedan mostrarse más sensibles o emocionales, mientras que otras pueden ser más lógicas o prácticas. Esto no significa que una forma sea «mejor» que la otra, sino simplemente que son diferentes. Comprender y aceptar las diferencias es el primer paso para e respeto a la desigualdad.

Resumen 


En resumen, la psicología nos enseña que las personas no son buenas o malas en sí mismas, sino que tienen diferentes formas de procesar sus experiencias. Sus rasgos de personalidad, sus experiencias infantiles y el contexto social y cultural en el que se desarrollan acuñan diferencias importantes. La actitud ante la vida y ante las dificultades expresan grandes diferencias. Lo diferente a cada uno lo juzgamos a veces como bueno o malo, pero no es así. El respeto a estas diferencias nos indica que la comprensión y la compasión son factores esenciales para la convivencia. En lugar de juzgar a los demás por sus acciones o por cómo se sienten o piensan, debemos tratar de entender el contexto en el que se producen y ofrecer apoyo y comprensión.


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