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Qué es el miedo

El miedo es la emoción más primitiva. Se considera una conducta refleja de protección biológica que es común con los animales. Ante un peligro real o percibido, el ser humano tiende a reaccionar evitando enfrentar la situación. Nuestro organismo tiene un sistema de alerta que actúa enviando señales fisiológicas de aviso. Por ejemplo, ante el miedo se acelera la frecuencia cardíaca, hay mayor sudoración, temblor de manos, se produce mayor tensión muscular, dolor de cabeza, encogimiento de estómago, etc. Todo ello nos avisa de que hay un peligro.

¿Cómo se origina el miedo?

En la infancia el miedo se adquiere por aprendizaje, a veces se enseña o induce para evitar peligros para los propios niños y niñas. También se instala el miedo por contagio emocional. Cuando se vive con una persona muy miedosa este miedo se trasmite de forma involuntaria. En ocasiones, experiencias desagradables, como por ejemplo que un perro se acerque y te ladre fuerte, caerse desprevenidamente en la calle, quedarse encerrado en un ascensor, etc., originan miedo y este, posteriormente, puede quedar anclado a esas situaciones.

Miedos evolutivos

Los miedos son muy variados y depende de distintos factores para tener miedo a unas u otras situaciones o personas. Los miedos son evolutivos, es decir, van cambiando con la edad. A determinadas edades se percibe miedo a diferentes situaciones:

En el inicio de la infancia tienen temor a que se acerquen personas desconocidas o le dejen al cuidado de ellas. También a los ruidos muy fuertes, así como a estímulos muy intensos, a las situaciones en las que se siente solo y en la oscuridad. 

Aparecen posteriormente el miedo a la noche, a determinados animales, a personajes fantaseados de los cuentos o televisión como las brujas, ogros, los fantasmas, pero también a las tormentas, y a la ausencia de los padres o a la discusión violenta entre ellos.

A la edad del desarrollo de la conducta social aparecen los miedos sociales: el miedo a hacer el ridículo, a ser torpe o ser diferente a los demás y al rechazo de los amigos y amigas. También a las enfermedades y a los accidentes, y con más realismo a la separación o divorcio de sus padres.

Miedos patológico

Cuando el miedo es muy intenso y desproporcionado al estímulo, cuando no permite reaccionar ante él, sino que paraliza y aturde, decimos que es un miedo patológico. Estos miedos limitan el funcionamiento adaptativo de los niños y niñas, y produce sufrimiento. Algunos de estos miedos son fobias específicas que generan una ansiedad elevada. Y solamente el acercarse, o ver, o sentir que tienen que exponerse a algo que les da ese miedo intenso, desencadena un estado de agitación, alarma y nerviosismo muy angustiante. En la infancia las fobias más comunes suelen ser: el miedo intenso a las arañas, insectos, perros, alturas, tormentas, agua, procedimientos médicos invasivos o incluso las agujas de las inyecciones…

Cuando los miedos se prolongan en el tiempo, producen ansiedad en los niños y niñas que los padres no pueden controlar o superar, es necesario pedir ayuda profesional. Los miedos se superan, hay estrategias efectivas para ello. 

Desde GIFT Psicología ofrecemos orientaciones y enseñamos a los padres a implementar las estrategias adecuadas para la superación de los mismos. No dude en consultar y no deje que se cronifiquen los miedos en sus hijos o hijas.

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