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El divorcio, es una de las crisis más serias de la vida de pareja. No puede considerarse como un hecho aislado, sino que es una cadena de acontecimientos que tienen que ver con aspectos legales, sociales, psicológicos, económicos, sexuales, donde forzosamente se producirán importantes cambios. Por consiguiente, es un proceso que no tiene un tiempo determinado de duración. Generalmente comienza con una escalada de angustia en la pareja que suele alcanzar la cima durante la separación legal. Se necesita un tiempo para reacomodarse tras algunos años de transición y desequilibrio, hasta que los adultos están preparados nuevamente para enfrentar y aceptar sus nuevos roles y relaciones.

 

Tanto el divorcio como la separación afecta al sistema familiar completo, es decir, a todos los miembros que componen el sistema e incluso se difunde también fuera del ámbito de la familia extensa, abuelos, tíos, primos, y los amigos de ambos cónyuges. Repercute también en el ámbito de la escuela, el ámbito de trabajo de los divorciados, el pediatra que atiende a los niños, etc. Cuando la acción de todos ellos se encamina hacia la comprensión y superación del conflicto, es más fácil sobrellevar el proceso. Sin embargo, cuando todos y cada uno de los personajes que componen el entorno familiar en proceso de divorcio toma partido por una de las partes, la situación se vuelve más compleja. 

 

Interesa analizar la razón que motiva el divorcio porque permite pronosticar el impacto del mismo en los propios padres y en los hijos. Generalmente, las razones indican una relación previamente rota por problemas de comunicación, incompatibilidad de caracteres o diferencias muy notables, especialmente en temas sexuales, como hobbies, o de relación con la familia extensa.

 

Un aspecto relevante es la comunicación de la separación o divorcio a los hijos/as: quién lo dice, cómo, cuándo, qué razones se dan, si lo comunican juntos o por separado, si lo comunican a todos los hijos a la vez o a cada uno según su edad.

 

Para analizar las consecuencias del divorcio o separación en los hijos, se han de tener en cuenta varios factores que entran en juego en todo proceso de ruptura y que van a condicionar las consecuencias del proceso de separación:

 

1.Relación previa de la pareja

2.Funciones parentales de crianza y domésticas compartidas

3.Responsabilidad y situación económica

4.Respeto hacia los hijos.

 

La situación de esta crisis depende de la situación pre-divorcio, es decir, de qué situación se parte. Esto significa qué responsabilidades se comparten en relación al progenitor custodio, al régimen de visitas y a la asignación económica. Son tres puntos conflictivos, hasta el punto de que no es el problema tanto la separación como la permanente discordia posterior que agrava la situación. Cuando estaban en casa evitaban que los vieran discutir, ahora no les importa.

 

Es así mismo importante la situación post-divorcio, es decir, a qué situación se llega. Los nuevos roles o nuevas parejas, si la situación económica es de mejora o empobrecimiento, si aparecen nuevos conflictos entre ellos, al modo en que cada padre y madre cumple su función educadora, etc. En lo que hay una constatación evidente es que ningún niño o niña percibe el divorcio como una segunda oportunidad en su vida, sino como un fracaso en la relación de sus padres. Además, en muchos casos a los hijos e hijas se les imponen roles que no quieren jugar:

 

· El “hijo posesión”

· El “hijo cartero”

· El “hijo suplente” de la pareja

· El “hijo amordazado”

· El “hijo apoyo social”

 

En este proceso es aconsejable la orientación de un o una profesional para acompañar bien a la familia o a alguno de sus miembros que se sientan más confusos, angustiados o afectados por este suceso. No dude en llamar a GIFT Psicología que se le atenderá en todo aquello que necesite.

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